El Perú presenta una gran variedad de fenómenos naturales, como terremotos y erupciones volcánicas, debido a su ubicación geográfica y las características del suelo. La presencia de la Cordillera de los Andes y las corrientes marinas producen cambios climáticos que ocasionan sequías o lluvias torrenciales. Estas últimas producen, a veces, desbordes de ríos y deslizamientos de piedras y lodo de los cerros, conocidos también como huaicos.
Los fenómenos naturales se convierten muchas veces en desastres naturales. Esto se produce cuando traen consecuencias negativas para las personas, afectando la salud, la vida o la economía de los centros poblados. Por ejemplo, un terremoto en la puna, que no mata a nadie, es un fenómeno natural. Se convierte en desastre si hay daño para las personas o sus bienes.
Los desastres también pueden ser ocasionados por el descuido o la falta de preocupación de los grupos humanos. Por ejemplo, cuando se ubican, por motivos de pobreza en lugares inseguros, porque se tornan vulnerables a sufrir daños ante un fenómeno natural.
¿QUÉ PROVOCA LOS DESASTRES?
La Tierra: un planeta muy dinámico.
Las fuerzas geológicas, que proceden del interior de la tierra, ocasionan la actividad volcánica y los movimientos sísmicos. Nuestro país se encuentra, por ejemplo, en la zona de contacto de dos placas: la de Nazca y la sudamericana. La placa de Nazca se introduce debajo de la placa sudamericana, levantando las cosas y los Andes, ocasionando así los sismos.
Las fuerzas externas como la energía solar, el aire y el agua, que actúan sobre la superficie del planeta, ocasionan fenómenos meteorológicos como heladas, granizo y lluvias. También generan fenómenos climáticos periódicos como el Fenómeno de El Niño. Este puede dar lugar a fuertes lluvias e inundaciones en algunas regiones y graves sequías en otras.
Causas humanas
Los desastres también pueden ser causados por el hombre al actuar incorrectamente y alterar el equilibrio de la Tierra. Esto sucede cuando se contamina el medio ambiente, se tala los árboles sin medir los riesgos de la erosión de los suelos o cuando se ocasionan incendios forestales.